lunes, 25 de enero de 2021

La estrella de mar, una leyenda indígena sonorense

 



Una de las formas de mantener las tradiciones es el uso de la palabra para contar historias de generación en generación, las leyendas permiten que se cree una identidad colectiva. Son relatos que se cuentan y se quedan grabados como parte esencial de la cultura de un pueblo, porque reflejan rasgos importantes de las dinámicas que envuelven a la comunidad.




En esta ocasión les contamos la leyenda de La estrella de mar. Este relato proviene de la tradición comca’ac (como se autodenominan) o el pueblo Seri. Está comunidad indígena radica en el estado de Sonora, específicamente en la costa de Hermosillo. Su población en el 2010 era de 6,861 habitantes, de los cuales se estima que solamente 1000 hablan la lengua seri (cmiique iitom) fluida. Debido a que su lengua no se ha relacionado con ninguna otra, los hablantes mantienen su vasta tradición oral, la cual no cuenta con elementos católicos como otras y siempre sobresale su apego con la naturaleza, especialmente con el mar, su principal sustento.




Leyenda de la Estrella de Mar

La leyenda cuenta que el jefe Haas tuvo una hija a la que llamó Kapsis, la pequeña creció con todo mimo posible y con el pasar del tiempo empezó a adquirir más responsabilidades. Un día, tras terminar con sus labores, se acercó al mar, se acurrucó junto a una roca y miró el ir y venir de las olas; consumío las horas, inmóvil y silenciosa. La tribu le seguía con la mirada llena de sorpresa, todos los días le veían la misma rutina hasta que las sombras se hacían más negras sobre el agua, sobre la playa. La joven miró el mar sin fin, miró como si del fondo fuese a llegar la diosa Xtamosbin, la gran tortuga marina. Cada que la tribu llegaba de la bahía de Kino a Isla de Tiburón, Kapsis buscaba entre las rocas alguna que el océano en su danzar dejaba atrás y después corría a su lugar predilecto de la playa para contemplar cielo y mar.

El jefe Hass pidió al hacocama (hechicero) que destruyese el embrujo que, seguramente, se había apoderado de su hija. Era la explicación que el padre encontró, pues la hermosa joven huía del trato de sus semejantes, no bailaba, ni cantaba. Pero su encargo había resultado inútil, Kapsis sólo se deleitaba refugiándose en la playa desolada, viendo un paisaje triste en el mar bravo que desataba, algunas veces, temibles tormentas. Es que nadie sabía el secreto de Kapsis. Ella estaba enamorada de vastlk, una estrella, que ella consideraba una flor de los dioses.

La tribu aseguraba que un antipotkis, un tiburón, la había embrujado, por lo que el hacocama fue hasta la “Cueva Especial”, arriba en la montaña. Entonces pintó la señal del espíritu que vivía ahí y éste ocupó el cuerpo del hechicero. Con toda virtud mágica en presencia de la luna, el hacocama fue al lado de la joven y puso sus manos en forma de círculo sobre la frente de Kapsis. Con misterioso acento y tono ancestral, se escuchó "Choo choo", al acercar su boca a la chica. Ella sólo plantó sus ojos en él y silenciosa se alejó.




Bajo la misma luna volvió al mar y miró el cielo con ansiedad, buscando a la hermosa vastlk. La descubrió en medio del azul eterno, esplendente.  Deseó con fervor, que aquella noche no terminase, deseó poder embelesarse, deseó que a pesar de las horas por pasar su belleza permease. De pronto, como si la voz en su corazón fuese mágica, absorta contempló cómo su estrella se desprendía del cielo. Atravesando el azul como dardo de guerrero Kun Kaak sobre coyote o venado, la estrella cruzó el espacio.

Los ojos negros de Kapsis siguieron el rastro luminoso que cayó en el mar. La joven sintió el temor desde la punta de sus pies en la arena y corrió. Buscó una canoa, y en ella remó hasta el sitio donde la vio caer. Tras mirar con desesperación a su alrededor, se lanzó sin pensar. Se arrojó dentro del mar para poderla salvar, tocó el fondo; pero en su rápido descenso su cabeza se hirió con una roca. Sobre una cama de rocas traicioneras, Kapsis quedó inmóvil. Con brazos abiertos en cruz y sus hermosas piernas extendidas, había muerto.




Xtamosbin, la sagrada tortuga marina, diosa de los seris, la contempló pálida, inmóvil en el fondo del mar por querer salvar a una estrella que se ahogaba. La diosa se conmovió y con sus manos sobre el cuerpo inerte de la joven kunkaak la convirtió en una bella estrella de mar. Desde es momento Kapsis sería feliz, en un mundo sin voz, contemplaría el mundo verde de esmeraldas líquidas; tendría la compañía de los peces, todos pintados de vivos colores. Y desde las sombras moteadas de luz espiaría el cielo, a través de la espuma teñida por el sol; esperaba mirar a la bella vastlk que tanto amaba.


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